Blog del Faro

Espacio abierto para la reflexión, testimonios y propuestas de docentes, investigadores, asesores técnico-pedagógicos, directores, supervisores, madres, padres y estudiantes.

Narremos nuestra historia

En este documento la maestra Guadalupe Zamora Ortega, docente del jardín de niños “Salvador Herrera Tejeda”, presenta la creación de una “línea de vida” como una oportunidad para que sus alumnos y alumnas comuniquen ideas con orden lógico, entonación y seguridad. Se trata de una buena práctica de la categoría “Impulso a la autorregulación y autonomía de trabajo de los alumnos”, como parte del ejercicio de sistematización de buenas prácticas docentes en pandemia, encabezado por Grupo Loga, el Faro Educativo de la IBERO, Proeducación, Pauta y Renaced, y cobijado también por la Red de Mujeres Unidas por la Educación.

Comienza la conversación

Guadalupe Zamora Ortega
Docente del Jardín de Niños “Salvador Herrera Tejeda”
Querétaro, Querétaro.

Ubiquemos la buena práctica

Categoría: Impulso a la autorregulación y autonomía de trabajo de los alumnos
Nivel y modalidad educativa: Preescolar
Grado escolar: Tercer grado
Turno: Matutino

Fines perseguidos

El objetivo general es que los alumnos y alumnas adquieran confianza para expresarse, dialogar y conversar en su lengua. Asimismo, mejorar su capacidad de escucha y enriquecer su lenguaje oral y escrito al comunicarse en situaciones variadas, viviendo experiencias que contribuyan a sus procesos de desarrollo y aprendizaje mediante la intervención sistemática de la educadora

El objetivo específico es que los alumnos y alumnas narren anécdotas del orden de sus ideas, con entonación y volumen apropiado para hacerse escuchar y entender, así como poder expresarlas de manera escrita, ya sea libre o guiada.

Puntos clave de la práctica

La experiencia puede pensarse como buena práctica porque permitió que los alumnos y alumnas de tercero de preescolar lograran expresar gradualmente sus ideas de manera oral y escrita de acuerdo a sus procesos personales, como lo es la etapa de lectura y escritura. Las narraciones sobre sus sentimientos y opiniones, así como de experiencias, anécdotas personales o historias, eran cada vez más completas. Los alumnos y alumnas aprendieron a dar  orden entonación y volumen a sus ideas para hacerse escuchar  y entender. 

Esta experiencia significó una Buena Práctica porque, además, impactó a las familias de los alumnos y alumnas, así como a otros niños y niñas de la institución, pues los demás querían participar en las narraciones y producciones escritas por sus compañeros. No hay que olvidar que fue una práctica implementada de manera integral y, por tanto, se fomentó la autorregulación y la autonomía, esto porque las y los alumnos tomaban conciencia de sus aprendizajes y de qué manera podían aplicarlos. Por ejemplo, con esta actividad aprendieron a tomar turnos para hablar y escuchar a los demás activa y atentamente.        

La actividad más exitosa de la Buena Práctica fue aquella en la que las niñas y niñas debían elaborar su línea de vida y narrarla a partir de cinco fotos que mostraron su cronología desde su nacimiento hasta la actualidad. Es aquí donde pusieron en práctica el aprendizaje que adquirieron con el trabajo previo de todas las actividades. Para poder narrar su línea de vida primero tuvieron que ordenar las fotos, observando y preguntando a sus padres sobre su crecimiento, especialmente sobre los eventos manifestados en cada foto para, así, poder tener más elementos para contar su historia. 

De esta manera, practicaron la habilidad de ordenar sus ideas y crear una narrativa con secuencia lógica y compartirla con las y los compañeros de la clase y con sus familiares. En esta misma actividad, no se dejó de lado la aproximación de los niños y niñas a la escritura, pues, además de narrar, escribieron cada episodio de acuerdo con sus posibilidades. Esta situación didáctica promovió en los alumnos, de manera transversal, la autorregulación y autonomía en las diversas actividades, en tanto que permitió la adquisición del aprendizaje partiendo de sus propias experiencias y, por consiguiente, significativo y funcional para su vida cotidiana.

El rol de la educadora fue orientar los intercambios de las y los alumnos, así como promover el respeto, la escucha atenta y el intercambio y expresión de ideas. Los estudiantes hablaron acerca de sus diferentes experiencias, sucesos o temas y, para esto, tuvieron que aprender a escuchar. Además, exploraron distintos textos que lograron ejemplificar cómo comunicarse, tanto de forma oral como escrita. Por último, el rol de los padres y madres fue funcionar como apoyo emocional durante la actividad.

Principales cambios observados

Un cambio fundamental fue que perdieron el miedo al participar en las actividades. Se detectó que, en el momento en que se registraban en el pizarrón sus participaciones con su nombre, los niños se sentían valorados y reconocidos. Además, se observó en sus producciones escritas que se cumplió el objetivo de lograr que los niños y niñas sean más autónomos en cuanto a la expresión de sus opiniones.

Entre colegas: recomendaciones para hacer uso de la estrategia o de sus componentes

  • Crear un espacio para que los alumnos y alumnas se expresen libremente y con confianza, ya sea de forma oral o escrita. 
  • Promover el autoconocimiento, autorregulación y autonomía de sus aprendizajes.
  • Permitir que haya aprendizaje entre pares y co-evaluación para que el aprendizaje sea más enriquecedor y significativo.
  • Dar retroalimentaciones positivas y asertivas.
  • Para aplicarla en la pandemia se necesitan fortalecer los lazos familiares, pues mientras se desarrollan las actividades es posible que se compartan experiencias íntimas e importantes que generan ambientes propicios para el aprendizaje. Se debe asegurar que los niños y niñas prevalezcan en un ambiente tranquilo que les permita motivarse, entusiasmarse y tener confianza en sus capacidades. Es necesario establecer y sostener vínculos de comunicación, confianza y empatía entre alumnos, docentes y familias.

Evidencia