Blog del Faro

Espacio abierto para la reflexión, testimonios y propuestas de docentes, investigadores, asesores técnico-pedagógicos, directores, supervisores, madres, padres y estudiantes.

Fortalecimiento del vínculo entre madres/padres y profesores

En este documento, la Mtra. María Graciela Sepúlveda López, docente de una escuela secundaria en Sinaloa, nos presenta que la comunicación directa, continua y abierta con madres y padres de familia es un medio eficaz para contribuir, tanto para la mejora de las relaciones familiares, como del logro de los objetivos de aprendizaje en la materia de Artes Visuales. Se trata de una buena práctica en la categoría “relación y nuevos vínculos con las madres y padres de familia”, como parte del ejercicio de sistematización de buenas prácticas de docentes en pandemia, encabezado por Grupo Loga, el Faro Educativo de la IBERO, Proeducación, Pauta y Renaced, y cobijado también por la Red de Mujeres Unidas por la Educación

Comienza la conversación

María Graciela Sepúlveda López
Maestra de la Escuela Secundaria “Dr. Alfredo Díaz Angulo”
Salvador Alvarado, Sinaloa

Ubiquemos la buena práctica

Categoría: Relación y nuevos vínculos con las madres y padres de familia
Nivel y modalidad educativa: Secundaria general
Grado escolar: Primero, segundo y tercer grados
Turno: Vespertino

Fines perseguidos

Al sostener una comunicación directa, constante y abierta con las madres y padres de familia, se tuvo un doble objetivo: por un lado, fortalecer el vínculo entre niñas/niños, sus mamás/papás y la escuela, y, por tanto, la corresponsabilidad en los procesos formativos; y, por el otro lado, ayudar a las madres/padres a encontrar formas de apoyar a sus hijos e hijas en los asuntos escolares en las condiciones impuestas por la pandemia, especialmente en la materia de Artes Visuales.

Puntos clave de la práctica

Generalmente, la relación entre docentes y padres de familia se limita a la entrega de boletas de calificaciones, organización de algún evento social e informes de la mala conducta de los niños o del bajo aprovechamiento escolar. Son pocas las ocasiones, casi nulas, en las que estos espacios tienen como finalidad analizar algunos aspectos como: la convivencia familiar, la comunicación, la relación afectiva entre padres e hijos, la orientación para que apoyen el trabajo escolar en casa, etcétera. Es necesario que juntos, docentes y familias encuentren mejores formas de trato hacia los niños y niñas. Para ello, se requiere la planeación de esta coordinación; es decir, formular estrategias para lograrlo. Esto fue exactamente lo que permitió la buena práctica: pasar de lo formal y coyuntural, a abordar asuntos relativos al aprendizaje y desarrollo de las y los estudiantes.

Durante la contingencia, tuve un acercamiento más directo con las madres y padres de familia de la comunidad de El Salitre y pude identificar diferentes comportamientos y necesidades de las madres y padres de familia al momento de ayudar a sus hijos con las diferentes actividades escolares. Al inicio, percibí falta de comunicación al interior de la familia; esto fue preocupante, ya que la comunicación familiar es básica para que los niños y niñas desarrollen una autoestima fuerte. Además, identifiqué que madres y padres tenían la necesidad de equilibrar el cuidado de hijas/hijos y el propio, mientras mantenían bajo control las preocupaciones de la familia derivadas de la pandemia y lidiaban con ciertos obstáculos, como la falta de herramientas tecnológicas para continuar el aprendizaje. 

Es impresionante cómo cada familia es una historia; aquí cabe bien el dicho “nunca juzgues por las apariencias”, pues cada una de las madres de familia tiene complicaciones para poder ayudar a sus hijos en las actividades escolares, particularmente porque la gran mayoría de las madres y padres de familia de la comunidad de El Salitre sólo cuentan con escolaridad secundaria y se sienten frustradas al momento de ayudar a sus hijos e hijas; en otros casos trabajan todos los integrantes de la familia: papá, mamá e incluso el hijo/hija, y esto también los lleva a retrasarse en las actividades. Además de haber familias en donde la motivación hacia sus hijos o hijas es nula.

Frente a este panorama, busqué tener una comunicación directa, abierta y constante por medio del teléfono con las madres de familia, así como visitas a las casas cuando no se logró sostener la comunicación por teléfono (muy rara vez). El proceso general de comunicación fue de la siguiente manera: Tras un saludo y la demostración genuina de interés por saber cómo se encuentran de salud en el hogar y sus alrededores, pregunté cómo se sentían, tanto la madre, como su hijo o hija, y si llevaban a cabo una rutina diaria, entre otros aspectos cotidianos. Posteriormente, charlamos sobre detalles de las actividades pendientes y cómo podía ayudarles, siempre con una actitud abierta a escuchar sugerencias de las madres/padres de familia y de sus hijos.

Al finalizar la comunicación, se establecían acuerdos para que los familiares ayudaran a sus hijos o hijas en cada una de las actividades asignadas y según las posibilidades y conocimientos propios, por ejemplo, llamar de inmediato a la maestra si no les quedaba clara la actividad, entregar las actividades en tiempo y forma, a menos que se presentara un contratiempo, y, de ser así comunicarlo a la maestra, etcétera.

Entre las principales sugerencias realizadas a madres y padres de familia se encontraron las siguientes:

  • Permanecer tranquilos y proactivos al conversar con sus hijos/hijas acerca de la enfermedad del coronavirus (covid-19) y la responsabilidad que tienen con su salud; por ejemplo, se les recomendó que dijeran a sus hijas o hijos: “Sé que tienes mucho miedo de contraer el coronavirus, por esta razón te pedimos que hagas todo esto: lávate frecuentemente las manos, no salir de casa, ya que de esta manera también cuidamos a los miembros de nuestra comunidad, porque también debemos pensar en la gente que nos rodea”.
  • Establecer y seguir una rutina en la que las actividades impostergables se realicen primero (como las tareas escolares), y después incluir ratos para el juego o en los que las y los alumnos puedan conectarse con sus amigos, además de incorporar un tiempo para aportar en las tareas del hogar.
  • Permitir que las y los alumnos sientan y expresen sus emociones, a partir de reconocer la importancia de apoyarles y explicarles que es normal sentirse profundamente tristes y frustrados; incluso se les sugirió que, en caso de no saber qué hacer, lo mejor era mostrar empatía y apoyo a sus hijas/hijos.
  • Verificar con las y los estudiantes la información o desinformación sobre el coronavirus que están escuchando y charlar sobre lo que consideran que es verdad. Un ejemplo de la guía brindada, fue decirles: “En caso de que su hijo/hija le haga preguntas y no pueda responder, en lugar de adivinar, aproveche la oportunidad para investigar juntos la respuesta”.

Principales cambios observados

La realización de pláticas con los padres y madres de familia detonaron, a su vez, charlas que ellos tuvieron con sus hijos. Entre los principales cambios observables se encuentra que, tanto los padres/madres, como los y las alumnas, son más seguras de sí mismas y, por tanto, más cooperativas en las actividades que se les solicita realizar, con mayores tasas de cumplimiento en las tareas.

Asimismo, fue notable que las y los estudiante se pronuncian de forma más asertiva y por sí mismos sobre los aspectos que les son relevantes; algunas de las frases expresadas por ellos fueron: “Maestra, no tengo dinero para comprar materiales”, “¿Me puede esperar para entregar la actividad, ya que llegue mi mamá y pueda ayudarme a conseguir algunos materiales para reciclar?”, “¿Me puede explicar de nuevo?, no le entiendo”, “¿Puedo realizar la actividad con los materiales que tengo, aunque pueda cambiar un poco la actividad?”. Lo mismo sucedió en la comunicación con los padres y madres de familia, quienes, al sentirse escuchadas y menos señaladas, pudieron expresar más abiertamente su sentir y, por tanto, se relacionaron conmigo con un notable menor grado de estrés.

Por último, resulta impresionante la cantidad y calidad de actividades que las y los estudiantes han entregado, lo que contrasta con la realidad de otros alumnos que no han podido avanzar sin la guía presencial de un maestro o maestra.

Entre colegas: recomendaciones para hacer uso de la estrategia o de sus componentes

  • Mantener una comunicación constante entre docentes y madres/padres, para encontrar la mejor manera de que sus hijos/hijas continúen aprendiendo desde casa, respetando siempre las diferentes necesidades de los alumnos y alumnas.
  • Buscar una comunicación telefónica directa con los padres y madres de familia, especialmente el llamar en el momento preciso en el que detectamos atraso en las y los alumnos ha demostrado ser clave.
  • Realizar visitas domiciliarias cuando los padres o madres de familia no atienden las llamadas, sin dar por sentado que se trata de desinterés; es mejor pensar que puede estar sucediendo algo más, por ejemplo, algunos familiares señalaron: “el teléfono se descompuso”, “el teléfono no es propio”, “estamos en un lugar donde no agarra el celular”, “no puedo atender el teléfono por cuestión de trabajo”.
  • Saber escuchar de forma atenta y empática, sin interrumpir, ni señalar, para poder ayudar a las madres y padres de familia y, a su vez, a las y los alumnos.