Fines perseguidos
En el año 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró la COVID-19 como una pandemia, período en el que el grupo de niños y niñas que atiendo en mi escuela crecieron. Situación que los hizo desarrollarse en un ambiente de encierro, aislamiento, en el que se contaba con pocos espacios libres para divertirse. Posteriormente, cuando se retomaron las actividades, los padres de familia se denotaban con nerviosismo, angustia y hasta con miedo, por el temor de recaer en una nueva crisis mundial. Hechos que impactaron en el desarrollo de los niños y niñas, debido a que en este tiempo tuvieron pocas oportunidades para convivir con sus pares de edad. De ahí que, el proceso de socialización lo iniciaron a su ingreso al preescolar.
Por consiguiente, los lazos afectivos entre padres de familia y los estudiantes eran muy fuertes, siendo el desprendimiento de la familia un paso difícil para ambas partes. Cabe mencionar, que un reto en el primer grado de preescolar fue que los estudiantes aprendieran a convivir entre sí. En este sentido, se comenzó a trabajar con el equipo docente y la comunidad con la finalidad de lograr que los estudiantes tuvieran una mejor convivencia tanto dentro como fuera de la escuela.
De ahí que el objetivo general y específico que se planteó en esta buena práctica fueron los siguientes:
Objetivo general
Fomentar un ambiente sano y libre de violencia en el aula a través de establecer y poner en práctica constante los acuerdos de convivencia, promoviendo una comunicación asertiva que contribuyó al bienestar emocional en los alumnos y alumnas de preescolar.
Objetivo específico
Establecer de manera conjunta y responsable acuerdos de convivencia, que promovieron pautas claras de comunicación y de relacionarse en el aula con la finalidad de contribuir al bienestar emocional en los alumnos y alumnas de preescolar.
Puntos clave de la práctica
La implementación de esta buena práctica se basó en los resultados del diagnóstico grupal, que se realizó al inicio del ciclo escolar 2024-2025 y de la evaluación que hicieron las compañeras docentes al cierre del ciclo escolar 2023-2024. A partir de los cuáles se identificaron las áreas de oportunidad que presentaban los estudiantes en cuanto a la forma de comunicación, toma de decisiones de manera dialógica, la empatía y el respeto a los demás. En este sentido, se tomó la decisión de iniciar con esta buena práctica titulada “Vivamos en un Ambiente Agradable” para establecer acuerdos de convivencia dentro del aula de manera conjunta, que propiciaron una comunicación asertiva, donde los alumnos y alumnas pusieron en práctica palabras y frases de cortesía, se promovió la empatía desde el lenguaje y actitudes generosas para ayudar, colaborar, respetarse a sí mismos y a los demás.
Cabe señalar, que las reglas o normas se encuentran en diferentes contextos, las cuales pueden hallarse de forma explícita o implícita. Pero, siempre están presentes y rigen a las personas de una sociedad, puesto que la función principal de las reglas y normas es organizar y regular la vida social para proteger los derechos de todos los individuos y que a su vez éstos gocen de una convivencia pacífica (Secretaría de Educación Pública [SEP], s.f).
La metodología utilizada para esta buena práctica fue Proyectos Basado en Problemas, a través de la cual, se plantearon preguntas que generaron la reflexión y el diálogo constante entre los estudiantes con el objetivo de tomar las mejores decisiones. Al respecto, se puede mencionar que el campo formativo que se favoreció fue De lo humano y lo comunitario, centrándose en los siguientes contenidos:
- Las emociones en la interacción con diversas personas y situaciones.
- Interacción con personas de diversos contextos, que contribuyan al establecimiento de relaciones propositivas y a una convivencia basada en la aceptación de la diversidad.
El Proceso de Desarrollo de Aprendizaje (PDA) que se retomó fue que los estudiantes aprendan a proponer y llevar a cabo formas de convivencia. Además, de asumir actitudes prosociales como compartir, ayudar, colaborar al participar y mejorar las relaciones de convivencia con las demás personas.
Para su alcance se realizaron las siguientes actividades; primero se comenzó con el planteamiento de una situación ficticia por parte del docente, pero realista, que consistía en la siguiente narrativa:
“El fin de semana fui al parque, había algunos niños y niñas jugando, un niño se molestó porque no lo dejaron subir a un juego, le reclamó al otro niño, pero este respondió de manera agresiva, dándole un empujón, los dos estaban molestos y ninguno cedió en esperar su turno. Había otros niños y niñas, pero ninguno hizo algo al respecto”
Se seleccionó esta situación, debido a que describe un hecho que se puede suscitar en la vida de los estudiantes. A partir del planteamiento de esta situación ficticia, los estudiantes con base en su realidad, experiencias y formas de vida fueron describiendo cómo la resolvieron.
Para ello, se generaron algunas preguntas detonadoras
- ¿Es correcto lo que hicieron los personajes?
- ¿De qué otra manera podemos resolver este conflicto?
- ¿Qué hubieran hecho ustedes en esta situación?
- ¿Será importante respetar las reglas o acuerdos en casa o en el parque?
- ¿Será importante respetar las normas o acuerdos en la escuela?
- ¿Para qué nos sirven los acuerdos o reglas?
- ¿Es importante dialogar para resolver un conflicto?
A continuación, se describen las actividades principales que se realizaron diariamente durante 15 días, después de presentar la narrativa ficticia. Cabe destacar, que al finalizar cada actividad se plantearon preguntas que detonaron la reflexión de los estudiantes:
- Lectura y videos sobre cuentos: “La historia de un niño que pega”, “¡No, David!”, “El elefante Bernardo”, “Elmo aprende que es la amistad”, “El valor de los amigos”.
Los videos de cuentos permitieron reflexionar con el alumnado sobre las actitudes de los personajes, asimismo se establecieron comunidades de diálogo con los estudiantes para identificar cuáles podrían ser las vías de solución a los problemas que se presentaban en las narrativas de los cuentos.
- Juegos organizados: en la que los estudiantes observaron que todos los juegos tienen reglas, que se deben seguir para una mejor convivencia; como el espejo (mirarse y un niño hace un movimiento y otro lo imita); el juego de las sillas; los aros musicales; realizar un dibujo por equipo utilizando un plumón; la víbora de la mar; a pares y nones, entre otros juegos.
A través de estos juegos, se fomentó el diálogo con otros compañeros y compañeras, en los cuales se observó la tolerancia de los estudiantes cuando ganaban o perdían, se favoreció la empatía para resolver conflictos, por lo que al finalizar cada juego, se dialogó con los alumnos y alumnas sobre; ¿Qué pasó en el juego?, ¿Se respetaron las reglas de juego?, ¿Qué pasó cuando no se respetaban las reglas?, ¿Ayudaron a quien lo necesitó?, ¿Cómo te sentiste en el juego?, ¿Te dieron oportunidad de jugar?, ¿Se respetaron los turnos de juego?
- Dialogar sobre las normas o reglas que hay en la sociedad como el cruzar una calle, hacer fila en el banco, la visita al cine, o bien las reglas que tienen en casa; siempre apoyándose de imágenes para que los estudiantes reconocieran a lo que se refería la norma o regla descrita.
Con el fin de que los alumnos y alumnas identificaran y expresaran cómo es que debemos actuar en otros espacios en los que se convive con otras personas, puesto que, en la calle, en la casa u otro lugar hay normas que debemos seguir para contribuir a una convivencia sana, incluso la escuela cuenta con estas normas de convivencia. Por ende, la buena práctica consistió en proponer, aceptar y poner en práctica acuerdos de convivencia por parte de los alumnos y alumnas del grupo, que conllevaron a una comunicación asertiva, a la toma de decisiones de manera dialógica, a manifestar empatía y respeto por los demás y sobre todo a vivir en un ambiente armónico. En este sentido, con el grupo de manera colaborativa se establecieron en el aula acuerdos que todos y todas las estudiantes se comprometieron a cumplir de manera libre y responsable.
Estos acuerdos de convivencia se representaron de manera gráfica para que los estudiantes los tuvieran presentes en el aula. Dichos acuerdos se presentaron principalmente con imágenes, haciendo dos columnas; una de éstas representaba la forma en cómo las acciones perjudican la convivencia (niños corriendo, agrediendo, gritando, o burlándose) y la otra columna correspondía a acciones donde las personas están actuando de forma amigable, levantando la mano para participar, escuchando, compartiendo, dialogando, utilizando las palabras mágicas como: por favor, gracias, disculpa, entre otras.
Así que una vez que se había dialogado y se tenían los acuerdos representados gráficamente, todos y todas las estudiantes pasaron a escribir su nombre en el documento de acuerdos, lo cual manifestaba su compromiso en respetarlos y cumplirlos. Aunado a ello, estos acuerdos se comunicaron con los padres de familia, como parte de un compromiso de los estudiantes y con el objetivo de que tanto en la casa como en la escuela se favorecieran y fortalecieran actitudes positivas en el alumnado.
Los recursos que se utilizaron para implementar esta buena práctica fueron; videoproyector, internet, videos en YouTube, imágenes impresas, hojas blancas, lápices, colores.
Cabe enfatizar que en esta buena práctica el papel del docente fue generar el diálogo y la reflexión a través de preguntas detonantes, que permitieron a los alumnos y alumnas a poner en juego habilidades del pensamiento reflexivo, que los llevó a establecer juicios de valor y a discutir sobre los comportamientos que les son y no son permitidos realizar en el contexto familiar y social.
El docente, también promovió la participación y escucha activa en el grupo. En este sentido, a los estudiantes se les permitió que dieran sus argumentos, ejemplos, así como defender su punto de vista sobre los temas que se discutían. Lo que a su vez contribuyó a incrementar la disposición de los alumnos y alumnas para participar e incrementar la motivación del grupo por realizar las actividades.
Principales cambios observados
En esta buena práctica participó un grupo de 28 estudiantes, 14 niñas y 14 niños con una edad entre 5 y 6 años. Cabe mencionar, que debido a que, en estas edades, los estudiantes se encuentran aprendiendo e interiorizando las normas sociales, los alumnos y alumnas se mostraron poco tolerantes, por lo cual de manera constante interrumpían el diálogo de las personas que participaban en distintos momentos. No obstante, conforme se realizaron las actividades de esta buena práctica, se observó que los estudiantes eran más conscientes respecto a estas conductas y al hecho de que no escuchar a los demás, se consideraba una falta de respeto.
Aunado a ello, se puede mencionar que el hacer partícipe a los alumnos y alumnas en la toma de acuerdos del grupo favoreció su compromiso para hacerlos respetar. De esta manera, los estudiantes poco a poco se fueron conociendo y apropiándose de las normas sociales a partir de la puesta en práctica de los acuerdos de convivencia del salón de clases. Lo que a su vez contribuyó a un mejor rendimiento académico de los estudiantes, pues les permitió escuchar con mayor atención, así como evitar realizar interrupciones abruptas, que favorecía que atendieran las indicaciones que se les brindaban, escuchaban a sus compañeros y compañeras, expresaban sus dudas y opiniones con mayor libertad y confianza, se sintieron escuchados y respetados por los demás.
Por otro lado, se notó que, ante las conductas agresivas de los compañeros o compañeras, los estudiantes ya no respondían con otra conducta agresiva, sino que se inclinaban por dialogar con el compañero o compañera que se comportaba de esta manera, se le hacía notar que ese comportamiento no era sano y se le manifestaba que no estaba respetando los acuerdos de convivencia. Otro cambio que se observó en los alumnos y alumnas es que mostraron mayor empatía hacia los demás, al reflexionar cómo se sentían las personas cuando son agredidos y cuando no se respetan sus derechos o su persona.
Conforme pasaron los meses de trabajo, se observaron cambios en los comportamientos y actitudes en los alumnos y las alumnas, entre los cuales se puede mencionar, que se mostraban más tolerantes ante situaciones de conflicto. En los momentos de diálogo, los estudiantes levantaban la mano para participar, en los juegos se observó que dialogaban para tomar decisiones, escuchaban a los demás, no se arrebataban o peleaban por el material que utilizaban en las clases. Como se puede notar, se favoreció el consenso, el diálogo, el uso de las palabras de cortesía como “por favor” y “gracias”. Por otro lado, los padres de familia comentaron que sus hijos e hijas en casa dieron a conocer los acuerdos aprendidos en la escuela, concientizando a los padres de familia respecto a la forma de comunicarse, del uso de las palabras de cortesía, la importancia de respetar turnos, o ser escuchados y escuchadas.
Cabe resaltar, que la actividad más exitosa de esta buena práctica fue el diálogo con los alumnos y alumnas, puesto que fue sorprendente escuchar sus opiniones, argumentos, saberes, y vivencias o experiencias familiares respecto a cada una de las actividades realizadas. Sin duda esto es lo que enriquece la comunidad de aprendizaje. Además, su aprendizaje se fue construyendo a través de las reflexiones que se generaron al conversar con sus pares de manera libre y armónica; porque en los momentos de diálogo, los estudiantes argumentaron sus respuestas, respetaron las ideas de los demás aunque no siempre estuvieran de acuerdo con éstas, lo cual permitió el intercambio de saberes y experiencias que hacían reflexionar al grupo en vez de sólo quedarse con lo que cada uno de ellos y ella conocía o suponía sobre alguna situación, lo que contribuye a promover habilidades del pensamiento crítico a partir de los argumentos que los estudiantes van dando respecto a las situaciones presentadas.
Entre colegas: recomendaciones para hacer uso de la estrategia o de sus componentes
A continuación, se enlistan algunas recomendaciones para aquellos y aquellas docentes que se encuentren interesados en poner en acción esta buena práctica.
- Al trabajar con la comunidad de diálogo con el grupo, es recomendable sentar a los estudiantes en círculo, para que todos y todas se miren al participar y se promueva la interacción entre ellos y ellas.
- Generar preguntas que les permita pensar, debatir, y establecer conclusiones de forma conjunta, para que todos y todas estén en el mismo tenor de lo que se está abordando.
- Es importante partir de situaciones de su realidad, de sus vivencias y experiencias, puesto que esto es el parteaguas de sus saberes previos.
- Escuchar con atención a todos y todas, ya que todas las participaciones son importantes y esto a su vez permitirá que los estudiantes se sientan con mayor confianza para hacerlo. Además, es una forma de poner en práctica el respeto a los demás.
- Llevarlos de lo macro a lo micro, es decir de las normas que hay en la sociedad o comunidad y en la familia para llegar a los acuerdos del grupo. Pues, las niñas y los niños traen saberes que han adquirido en la familia, en la calle o en su comunidad y esto dará pauta a la discusión con los ejemplos o experiencias de vida y que a su vez permitirán enriquecer su aprendizaje.
Redes sociales
A través del siguiente correo electrónico pueden contactarse para quienes quieran conocer más sobre el proyecto: javier.vich21@gmail.com
Referencias bibliográficas
- Secretaría de Educación Pública ([SEP], s.f). Programa Nacional de Convivencia Escolar. PREESCOLAR – PRIMARIA / SESIÓN 12: “RESPETO A REGLAS Y ACUERDOS” ESTRATEGIA 3: AUDIOVISUALES.
https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/408933/E3ADV_Preescolar_Primaria_Sesion12_RESPETO_A_REGLAS_Y_ACUERDOS.pdf